En cuatro artículos publicados recientemente, Luis Bernaldo de Quirós realiza unas críticas a la doctrina filosófica marxista. Y aunque tales críticas, en genérico, puedan servir para refutar a muchos de los que hoy se denominan marxistas, trivializan en exceso la cuestión y no tienen en cuenta muchas problemáticas que el propio Marx señaló en su día, que quedan intactas por no abordadas. A ellas deseo referirme para contribuir a completar los citados trabajos.
1) LA PROBLEMÁTICA DE LOS MODOS DE PRODUCCIÓN. Marx, en su ya famosa Carta a Joseph Weydemeyer de 1852, señala que él no ha descubierto ni la existencia de clases ni su relación con la economía, sino que liga la existencia de clases a determinadas formas históricas de desarrollo de la producción. Ahora bien, el propio Marx dice que los modos de producción no explican ni la existencia del Estado, ni tampoco el desarrollo histórico. De hecho, Bernaldo de Quirós se equivoca al señalar que EEUU pasase primero por el modo de producción esclavista y luego por el capitalista. Y es que el capitalismo comienza siendo un sistema que necesita del esclavismo, aunque después libere a los esclavos porque le resulta más rentable que ellos se mantengan a sí mismos como asalariados y consumidores, que ser mantenidos por sus amos cada día.
Así vemos como las potencias del naciente capitalismo, caso de Inglaterra, Francia u Holanda, mantenían una masa de esclavos muy superior en proporción a la que podía existir en la América Hispana, y de la que han quedado numerosas muestras en zonas como Haiti, la Honduras Británica o Surinam, zonas pobladas casi unánimemente por población negra, originaria de la esclavitud capitalista.
Asimismo, las potencias colonialistas del siglo XIX y primera mitad del siglo XX mantuvieron en sus colonias la esclavitud hasta la famosa Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Si Marx dijese que el modo de producción esclavista sólo acepta mano de obra esclava, y el modo de producción capitalista sólo mano de obra asalariada, entonces él mismo se habría encargado de dinamitar los modos de producción que postuló. Pero Marx, de forma prudente, nunca afirmó que los modos de producción explicasen el desarrollo de la Historia (no fue el caso en cuanto a la Religión); fueron otros epígonos suyos quienes simplificaron esas sentencias, por razones que ahora no vienen aquí al caso. En todo caso, lo que presenta Marx es la imposibilidad de ser entendidas la política, el derecho, etc., por sí mismas, sin referencias a las formas en las que los hombres establecen sus propias condiciones materiales de existencia.
2) EL TEMA DE LA EXPLOTACIÓN CAPITALISTA. Marx vivió en una época en la que, una vez suprimida la esclavitud de iure, los obreros, carentes de gremios y de cualquier organización que los representase, estaban en una situación peor que la de la esclavitud. Esclavitud asalariada la llega a denominar Marx, pues el obrero necesita venderse cada día para poder subsistir. Es evidente que el capitalismo que vivió Marx es muy distinto del que existe hoy día, en el que los conflictos entre la patronal y las nacientes organizaciones sindicales llevaron a una reforma sustancial, que muchos han bautizado como Estado del Bienestar, pero en todo caso habría que sancionar a quienes han llevado al extremo los postulados de Marx sin tener en cuenta los nuevos condicionantes históricos, aparte de que Marx se equivocase al señalar que eran sólo dos clases sociales antagónicas las que existían en cada sociedad histórica. No obstante, eso convertiría a Marx en un clásico, como lo puede ser Santo Tomás, Platón, Aristóteles, Suárez, etc., pero no implicaría rechazarle de plano como si su obra no sirviese para nada.
3) LA ECONOMÍA MARXISTA. Considero un error equiparar la doctrina de El Capital con el sistema económico existente en los países comunistas, y denominado por muchos como capitalismo de estado, sistema que Marx criticó ya en los Manuscritos de 1844, calificándolo de comunismo grosero. En El Capital, una de las normas fundamentales es que el valor relativo de las mercancías está relacionado con el tiempo destinado a su producción, a su vez está condicionado por la demanda que de ellas exista en el proceso de circulación, es decir, en el mercado: a mayor demanda, más necesidad de producción y por lo tanto menos tiempo ha de emplearse en producir.
Por contra, en la URSS y otros países análogos se renunció al mercado, con lo que todo este proceso desaparecía y todo se realizaba a ciegas, sin poder evitar el surgimiento de un mercado negro en el que los productos se ofrecían según las más estrictas leyes de la oferta y la demanda; demanda a su vez fomentada por los propios miembros de la nomenclatura, como principales empresarios suyos. Podemos estar de acuerdo sobre la crítica a las desastrosas políticas económicas de la URSS, sin negarles su carácter marxista, pero esto implica que habremos de tratar el marxismo como algo no unívoco sino muy complejo y de distintos desarrollos históricos. Además, no olvidemos que hoy día todas las empresas se ponen como objetivo reducir el tiempo de producción, lo que sin duda influirá sobre los costes, el precio de venta, los beneficios, el número de trabajadores, etc. Marx no se encontraba tan descaminado cuando señaló en El Capital la importancia del tiempo en la producción.
4) EL DETERMINISMO EN LA HISTORIA. Rechazar un determinismo económico de la Historia no puede llevarnos a afirmar el arbitrismo y el azar como motores de la Historia. Podemos atribuir la decisión personal de Enrique VIII de abandonar el catolicismo a su mayor o menor deseo de casarse con una mujer, pero lo importante de tal decisión no está en su calidad de azarosa, como un individuo más, sino en que era jefe de estado de Inglaterra, algo que Enrique VIII no podía elegir voluntariamente, pues dependía de su linaje (con todos los condicionantes históricos y clasistas que ello suponía) y disputaba con otros estados como España, a los que se oponía por intereses políticos que tampoco podía obviar.
Cuando George Bush II tomó las riendas de EEUU en el año 2000, no podía renunciar a determinadas medidas para estimular el crecimiento económico (rebajas de impuestos, de tipos de interés, etc.), ni tampoco renunciar a la guerra en Iraq por su propio capricho, ya que existen muchos sectores, no sólo de la sociedad norteamericana, sino del mundo entero, que dependen del control de EEUU sobre la política y la economía mundial para poder seguir trabajando, invirtiendo o simplemente existiendo.
El propio marxismo, a pesar de depender de la obra de Marx, no sería hoy más que una filosofía añeja y sin interés, de no haber interesado a tantas y tan diversas personas y haber tenido una influencia tan grande en el desarrollo de la Historia Contemporánea. Y esa influencia tiene que ver con la URSS, tanto para bien como para mal. Y aun siendo solamente para mal, habremos de convenir que los que critican al marxismo como un bloque, son incapaces de explicar por qué aún tantas personas sienten aprecio por una doctrina en apariencia tan monolítica y tan perversa.
5) SOBRE LA DIALÉCTICA Y EL MARXISMO. La concepción dialéctica de la Filosofía fue llevada al extremo por los ideólogos del materialismo dialéctico en la URSS, pero ello no debe llevarnos a despreciar a todo autor que utilice esa palabra, como erróneamente señalaba Popper. Dialéctica es una palabra de origen griego que designa una disciplina filosófica, definida por Aristóteles como el arte de demostrar las tesis propias a partir de las opuestas. Es decir, que ser dialéctico es partir de la realidad como algo que consta de múltiples partes que se encuentran en conflicto, y también de una multiplicidad de doctrinas que tratan de dar cuenta de esa realidad. Dogmático es quien piensa que sólo su doctrina puede servir para dar cuenta de la realidad, sin referencia a otras (por muy dialéctico que pueda llegar a concebirse).
Precisamente, la Dialéctica es una de las llamadas por los medievales artes liberales, dentro de los estudios del Trivium, es decir, junto a la Retórica y la Gramática. Precisamente, la palabra liberal en España no se asocia a postulados económicos, sino a la pervivencia de las artes liberales, frente a las artes mecánicas (serviles); de ahí la oposición entre liberales y serviles en la Historia contemporánea de España. Por lo tanto, parece claro que un liberal español debe ser un gran conocedor de la dialéctica, pues la tradición obliga.
En definitiva, considero que resultan demasiado simples las críticas a una doctrina supuestamente unívoca y demasiado simplificada, a la que Bernaldo de Quirós denomina marxismo. Si algo prueba la propia historia del marxismo, es que existen distintas interpretaciones de la misma doctrina, la mayoría de ellas contradictorias entre sí, y para nada simples, salvo algunas versiones muy popularizadas y dogmáticas, pero no por ello más genuinas ni más verdaderas.