Menú |
FALSIFICACIÓN Y "MEMORIA HISTÓRICA"Hemos asistido atónitos estos días a la increíble confesión de Enric Marcó, el rostro mas conocido de entre los supervivientes españoles del exterminio nazi. ¿Puede alguien hacerse pasar por lo que no es durante casi treinta años para promocionarse a si mismo y a su agenda política, sin que nadie le descubra? Desgraciadamente, si. El octogenario catalán que disfrutó de un breve protagonismo durante las recientes conmemoraciones de la liberación de aquellos campos de la muerte, el mismo que en enero pasado habló ante el Congreso, que apareció en documentales televisados, y que recibió de Pujol la Cruz de Sant Jordi, era un farsante, un impostor ahora desenmascarado por el historiador Benito Bermejo. Este individuo, que llegó a escribir un libro titulado Memoria del infierno, se inventó, sin escrúpulo alguno, una biografía falsa para recorrer los institutos, escuelas y ateneos de España. Allí ofrecía su testimonio sobre unos campos de concentración en los que nunca estuvo y una Resistencia en cuyas filas jamás combatió, banalizando con sus mentiras una de las grandes tragedias del siglo XX. Para colmo, ahora intenta justificar su impostura como una estratagema publicitaria para ayudar a la divulgación de una buena causa. Su caso hace pensar en el de Benjamin Wilkomirsky, el falso superviviente de Auschwitz que relató en un libro sus recuerdos reprimidos de una infancia espeluznante, recuperados mediante la psicoterapia. Fue el autor judío Daniel Granzfried quien destapó el fraude al comprobar que algunos detalles simplemente no cuadraban. El escándalo fue sonado. Wilkomirsky resultó ser en realidad Bruno Grosjean (más tarde Dossekker), un ciudadano suizo de religión protestante, que tomó “prestados” los recuerdos ajenos del Holocausto para llenar las lagunas de su propio pasado traumático. No es difícil crear recuerdos artificiales: Jean Piaget sostuvo durante años que su primer recuerdo era haber sido defendido por su niñera de un intento de secuestro. Describió el incidente con todo lujo de detalles hasta que la antigua niñera se confesó responsable de lo que había sido pura ficción. La psicóloga Elizabeth Loftus ha estudiado en profundidad el fenómeno de la falsa memoria, creada por el propio sujeto o implantada por terceras personas interesadas, entre ellas algunos terapeutas. Todo ello nos obliga una vez mas a cuestionar el contradictorio concepto de “memoria histórica común”, ya impugnado magistralmente por Gustavo Bueno en las paginas digitales de “El Catoblepas” (n: 11, enero 2003). Diversas asociaciones en pro de la memoria histórica han llegado incluso a solicitar la creación de una asignatura especifica en las escuelas para que represaliados del franquismo dispongan de una plataforma desde la que dirigirse a nuestros jóvenes. Pero ¿serán estos jóvenes advertidos de la parcialidad de los testimonios presentados? La memoria y la historia no son lo mismo. La historia se apoya en documentos, y por ello nace con la escritura. La memoria, en cambio, no es un registro cerrado e inamovible, sino que esta sometida a una reconstrucción constante en la que se rellenan huecos, se elaboran y suprimen datos. ¿Se trata entonces de conocer la Historia con mayúsculas o las historias personales y subjetivas? Imposturas como la de Enric Marcó perjudican seriamente a las verdaderas víctimas. No sólo se devalúan sus sufrimientos y se usurpan sus recuerdos, su dolor, y su autoridad moral. También se proporcionan armas retóricas a ciertos elementos de la ultraderecha y la extrema izquierda antisemita que niegan la existencia real del Holocausto, propagandistas prestos a utilizar cualquier cosa que caiga en sus manos. Alguien dijo que inventarse víctimas falsas de la Shoah puede ser, al final, tan perverso como negarla. Tenía razón. By José Antonio Cabo at 13 Mayo 2005 - 13:34 | Piensa en Liberal | visto 1444 veces
|