MÁS SOBRE EL LEVANTAMIENTO DEL 34

Está volviendo a ponerse de moda, con más virulencia que la habitual en estos casos, el levantamiento armado del PSOE y otros partidos y sindicatos de izquierda, pero principalmente el PSOE, contra la 2ª República, en octubre de 1934. Y que me disculpen quienes consideren que no fue un “levantamiento”, sino una “, porque una revolución que fracasa es cualquier cosa antes que una “revolución”: más bien da lugar a una contrarrevolución, como aquí sucedió.

No obstante, los “inasequibles al desaliento”, que los hay en uno y otro bando, porque los “extremeños se tocan”, están dispuestos a demostrar la cuadratura del círculo y lo que, todavía resulta más difícil, que lo del 34 no fue un levantamiento contra la República, sino una forma un tanto peculiar de defenderla contra los acosos malévolos y fascistas de la CEDA. En fin, que el que está decido a creerlo todo, también pretende que los demás lo crean. Y da la sensación de que por aquellos años había personas dispuestas a defender la República de las maneras más disparatadas, ya que los primeros bandos del Alzamiento nacional aparecían con el estrambote de ¡”Viva la República!”. Pero la República había muerto irremediablemente el día 17 de julio de 1936. Los nacionales no estaban dispuestos a mantenerla y los partidos de izquierda de estricta obediencia stalinista que se agrupaban bajo su bandera, defendían otra cosa. Como intuía Azaña, para él y sus republicanos, ganar la guerra hubiera sido tan malo como perderla. Guerra que, no olvidemos ningún momento, comenzó en octubre de 1934. A partir de entonces no hubo manera de arreglar aquel desaguisado, y media España estaba enfrentada a la otra media. Curiosamente el PSOE, que siempre se mostró reticente ante la República (salvo Prieto), no tuvo inconveniente en colaborar, entonces y ahora, con partidos separatistas e independentistas, aunque fueran fuertemente conservadores, como el PNV, o defensores de los intereses de la burguesía catalana, como si el gran objetivo del partido socialista no sólo fuera establecer la “dictadura del proletariado” (echen un vistazo, si no lo creen, a su “programa máximo”), sino la ruptura de España. Es mejor una España rota que una España que el PSOE no domine.
Respecto a la “revolución del 34”, hemos leído en días pasados pintorescas justificaciones. La señorita Marilde García Suárez afirma: ”La huelga general revolucionaria de octubre de 1934 no fue contra la República sino que fue una respuesta a la política contrarreformista del Gobierno de derechas resultante de las elecciones de noviembre de 1933, presidido por el íder del Partido republicano de Alejandro Lerroux y apoyado por la Confederación Española de Derechas Autónomas –CEDA-, partido de la derecha católica y autoritaria, con mayoría de diputados en el nuevo congreso, que siempre había mantenido cierta ambigüedad respecto a la legalidad republicana y no escondía sus simpatías hacia el fascismo”. Y el señor Javier Menéndez-Castrillón Rodríguez añade, replicando a Gustavo Bueno, lo mismo que la señorita Marilde”¿Cómo se le ocurre decir que la revolución de 1934 fue un acto de violencia contra un gobierno legítima y democráticamente constituido? ¿Acaso no sabe usted que de tales desmanes tuvo la culpa la CEDA por aceptar desempeñar tres cargos ministeriales en un gobierno de catorce (sin contar al presidente), sin más título de legitimidad que el de constituir desde diez meses antes la minoría más numerosa del parlamento?”.

Ante mentalidades como éstas uno no sabe, la verdad, qué objetar. Como diría mi amigo “el liberal”, lo “políticamente correcto” sería cederle el gobierno al PSOE para que no se enfadara y no montara una revolución. De la que los responsables fueron los políticos de la CEDA, por haber tenido la osadía de formar parte de un gobierno “sin más título de legitimidad que el de constituir desde diez meses antes la minoría más numerosa del parlamento”. O sea que, en opinión de don Javier, ser la minoría más numerosa del parlamento no es motivo suficiente para formar parte de un gobierno de coalición. Tenían que haber permitido que hubiera gobernado el PSOE. Así no hubiera habido “levantamiento”.

La desfachatez y el cinismo de los socialistas no se detienen ante la desvergüenza y la calumnia al referirse a la revolución, como ellos dicen, del 34. Se hizo tal levantamiento porque la CEDA era “fascista”. Mas, aplastado el levantamiento, cuando Gil Robles podía, efectivamente, haber impuesto en España un gobierno autoritario, no puso en cuestión en ningún momento el sistema parlamentario y se comportó con los levantiscos con la cobardía y el miedo que caracterizan a la derecha cuando ha de tratar con los socialistas.

Ignacio Gracia Noriega